Artículo publicado en http://www.nueva.com.ar/nota.php?numero=00803&noticia=2

Hace tan sólo unas semanas, el presidente norteamericano George Bush propuso la creación de escuelas diferenciadas de varones y de mujeres. La noticia reabre el debate en la Argentina, donde la tendencia hacia la escuela mixta es cada vez mayor. Especialistas y educadores opinan a favor de uno y otro modelo.

¿Juntos o separados? Las mujeres y los varones aprenden diferente, los hombres se destacan en matemáticas mientras que las mujeres lo hacen en ciencias humanísticas, y la maduración de unos y otros es distinta. Estas son algunas de las consideraciones del presidente de Estados Unidos, George W. Bush para impulsar, desde 2002, la creación de escuelas para varones y escuelas para mujeres; y propone así la mayor reforma en el sistema educativo público norteamericano de las últimas tres décadas.

En la Argentina, la tendencia es inversa: de unos años a esta parte, los colegios laicos, tanto públicos como privados, fueron sumándose a la modalidad de la educación mixta, en parte por la demanda de la sociedad y, otro tanto, por contagio, apostando al rol integral de la escuela más allá de cuestiones biológicas, y dejando cada vez más lejos a las primeras escuelas medias del siglo XVI que nacieron de la mano de los jesuitas como internados para mujeres y varones por separado. Hoy por hoy, sólo algunas escuelas, religiosas, perseveran en la educación diferenciada, para mantener la tradición y como una forma natural de educar, pues consideran que así se respetan mejor las diferencias naturales.

Cultura y naturaleza

Desde Estados Unidos y para avalar la modalidad de educación por sexos, la neuropsiquiatra Louann Brizendine afirma que las diferencias entre hombres y mujeres están en el cerebro. Mientras, el antropólogo británico Demond Morris dice que la biología es el punto de partida de las diferencias, y que luego la cultura tendrá su rol. Según un estudio de la Universidad de Cambridge, en una clase razonada y analítica, las mujeres se aburren, pero si se explica de forma rápida y explícita son los varones a quienes les cuesta concentrarse.

Los supuestos que plantean estas investigaciones, que postulan que ellos son mejores en matemáticas y ellas en cultura general, son uno de los argumentos fuertes para mantener la distancia en la educación. Para Eduardo Panaia, Director general del colegio Lasalle, se trata de una mirada prejuiciosa: “Son condicionamientos culturales que responden a una estructura de dominación. Nosotros hemos tenido chicas excelentes en disciplinas duras. Es una cuestión de modalidades de inteligencia, de intereses, del contexto en el que se desarrollan.” María Elizabeth Vierheller, Licenciada en Gestión Educativa y docente del colegio de mujeres El Buen Ayre, en cambio, afirma: “Hay diferencias en el rendimiento. En los colegios de mujeres, es bueno poner más horas curriculares de matemática y computación, y más horas para literatura o disciplinas artísticas en los de varones.” El Buen Ayre integra, junto a otros 15, la Asociación para la Promoción Deportiva, Educativa y Social (Apdes), creada en 1970 por un grupo de padres, con impronta católica, sedes en La Plata, Tucumán, Mendoza, Córdoba y Rosario, y más de cinco mil doscientos alumnos matriculados. Ella sostiene que otro fundamento más de la educación diferenciada son los efectos que puede provocar la mera presencia del otro sexo: “En las escuelas diferenciadas, hay varones brillantes en lo artístico, algo que quizás no se daría si estuvieran con mujeres. Tienen profesores en todas las disciplinas, y si fuera un colegio mixto, las mujeres darían lengua y literatura y los hombres, matemática y física, porque son las áreas en las que se desarrollan naturalmente.”

En relación con la fuerte inhibición y distracción que puede producir el sexo contrario, afirma: “Es en la escuela mixta donde se marcan más los estereotipos.”

Varones y mujeres por separado

Se ha sugerido desde lo científico que alumnos de bajos recursos de escuelas urbanas aprenden mejor cuando son separados por sexo. En otros casos, las investigaciones reflejan que los adolescentes, varones en particular, suelen avergonzarse o intimidarse en clases mixtas, lo que afecta su rendimiento. A esas investigaciones, la mayoría de los especialistas argentinos responden que, en el mundo real, mujeres y hombres conviven por igual, por lo tanto sentirán la misma vergüenza y, todo les costará más.
Para la especialista Vierheller, “La sociología invadió la educación, y el problema es cómo se defina la escuela. Si se considera que la familia es el primer ámbito de socialización, donde están presentes los dos sexos, en la escuela se contribuye a forjar la identidad propia de varones y mujeres. En la mixta es más complicado, hay que darle a cada uno lo que necesite para crecer. Si la escuela tiene que ser un reflejo de la sociedad que entre todo, lo que te gusta y lo que no… Hay otros lugares para socializar como los clubes.”
Carlos Rossi, Rector del San Martín de Tours de varones, considera: “En la actualidad no se pierde prácticamente nada por no tener una chica sentada al lado, hoy los diálogos y las relaciones entre jóvenes se dan lo mismo en otros espacios, no es como antes”. El colegio fue creado en 1960 y pertenece a la orden de San Agustín. “No hay una legislación que indique que las escuelas tienen que ser mixtas. Acá las familias piden que sea un colegio de varones, nos eligen por eso, por la tradición. Es un modo de trabajar, hay actividades que los chicos hacen mejor que si estuvieran con chicas, como en los recreos o en los deportes. Tienen más libertad.. Somos muy poquitos los colegios de varones solos, y por lo general los padres que solicitan matrícula también fueron a escuela de varones o mujeres solas”.

Educación mixta

El colegio Lasalle está ubicado en el Gran Buenos Aires desde 1961, la sede central de Capital Federal data de 1892. Sus aulas fueron pobladas por varones durante mucho tiempo, y tímidamente se fueron sumando las mujeres a partir de 1987 como resultado de una propuesta de la escuela. “El proceso es que si la realidad del ser humano es mixta y la escuela es un espacio de aprendizaje, tenemos que crear las condiciones para que varones y mujeres puedan aprender a vivir juntos”, dice Eduardo Panaia, Director general de la institución. “Yo creo que todo aquello que esté en cercanía para la vida, es lo mejor. Y si se pueden relacionar las áreas curriculares con la vida de los chicos, es también una propuesta más cercana a sus posibilidades. Nosotros no hemos tenido más problemas con los chicos que los que tienen la sociedad en general”. Lo de colegio Northlands, de la Ciudad de Buenos Aires, institución donde cursó la princesa Máxima, también fue algo progresivo. Esta institución que nació como espacio educativo para mujeres, en 1996 abrió el jardín de infantes mixto. “Fue un proyecto sencillo dentro de la comunidad”, comenta Florencia Sackmann Sala, Directora de Desarrollo Humano de la escuela. “Cuando esos chicos llegaron a sala de 5, se armó un comité de padres para contar las ventajas de tener escuela mixta también en primaria.” Los padres juntaron firmas, y en el año 2000 se incorporaron hombres a primer grado. La secundaria, por ahora, sigue siendo de mujeres. “El cambio se dio en gran medida para que los padres pudieran enviar a sus hijas e hijos a la misma escuela, pero también porque todas las escuelas bilingües estaban en ese camino, y en algunas que habían sido sólo de varones por ejemplo”.
Más categórica, Silvina Gvirtz, Directora de la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés e investigadora del Conicet, sostiene: “Las experiencias de escuelas de un solo sexo generan modelos discriminatorios para uno y otro lado. Lo mejor que podemos hacer es fomentar la buena convivencia entre varones y mujeres. Establecer relaciones más igualitarias, menos artificiales. Incluso estar en escuelas separadas genera una avidez muy grande por encontrarse después con los del otro sexo. Por algún lado manifiestan su adolescencia…”.

Juntos y separados, una tercera opción

Los especialistas coinciden en que la perspectiva biologicista se transmite en la cultura y en la educación, que no sólo puede considerarse el rendimiento a la hora de educar, y que aprender y jugar tiene que ser todo compartido ya que jugar también tiene una dimensión intelectual. Por eso, en el St. Catherine´s Moorlands tienen una tercera opción: varones y mujeres estudian en aulas separadas pero comparten los recreos y actividades extracurriculares. La escuela tiene 50 años. Hace 11 que abrieron la inscripción a los varones, pero ya unos catorce años antes habían inaugurado esa modalidad en una segunda sede.
“Los varones tiene otros tiempos y otros intereses”, asegura María Julia Hiriart, Directora de Estudios del colegio. “Descubrimos que el ritmo de aprendizaje y las motivaciones son diferentes. Al varón le cuesta más la formación del pensamiento lógico formal, es más concreto. La chica puede hacerlo antes. El varón naturalmente se inserta en el deporte más que la mujer. Las chicas lo hacen, pero de otra manera. Estar separados nos da resultado.”
Hiriart considera que, además, el respeto por la identidad de cada uno de los sexos en ciertas etapas es importante. Por eso, la división se hace entre los 5 y los 16 años, pero suponen que luego la maduración está más equiparada y pueden integrarse para cursar juntos los últimos dos años de bachiller.

Formación integral, diversidad y diferencias

Para algunos docentes, la integración y la diversidad es lo más importante. Para otros, la escuela no es el primer lugar de socialización sino la familia, y, por tanto, el rol de los educadores es transmitir conocimiento y poner especial énfasis en la parte intelectual.

“La escuela no sólo es para enseñar matemática y lengua”, concluye Gvirtz, “Cuando no son mixtas, las chicas tienen mejor rendimiento en cuestiones académicas, pero la escuela hace a la formación integral, y en eso está la convivencia con otros del mismo sexo”.

José María del Corral, presidente del Consejo General de Educación del Arzobispado de Buenos Aires, tiene una mirada bien amplia. “Me parece que es buena la diversidad de todo tipo”, dice quien trabaja en proyectos interreligiosos y defiende la educación mixta. “Es necesario crecer en eso, así se respeta la diversidad de desarrollo y se mejoran las relaciones, lo que no quita que en algunas actividades estén separados. Incluso, los mismos chicos muchas veces piden. En educación sexual, por ejemplo, hay cosas que les gusta compartir y otras que no.”

Los educadores reconocen que existen diferencias en las etapas de maduración de varones y mujeres, y que cada uno tiene problemáticas particulares, cuestiones a las que es necesario prestar atención.
Estados Unidos implementará la reforma especialmente en colegios privados, pero también alentará al sector público, en el que se incrementaron de 3 a 241 la cantidad de escuelas diferenciadas en los últimos 10 años, según las estadísticas. Pero el asunto también se esta debatiendo en ciudades de Europa, Asia y Australia.